jueves, 18 de junio de 2015

Comentario del Evangelio de hoy

San Cipriano (c. 200-258), obispo de Cartago y mártir
Oración dominical

«Vosotros pues, orad así: Padre Nuestro...»

Ante todo, Jesús, el Doctor de la paz y el Maestro de la unidad, no ha querido que la oración sea individual y privada, de suerte que rezando cada uno no rece solo por sí mismo: «Padre mío que estás en los cielos»; ni «dame mi pan». Cada uno no pide que la deuda le sea perdonada a él solo, y no es por él solo por quien pide no caer en la tentación y ser librado del mal. Para nosotros la oración es pública y comunitaria; y cuando oramos, no rogamos por uno solo sino por todo el pueblo; pues nosotros, todo el pueblo, somos uno. 


El Dios de la paz y el Señor de la concordia que ha enseñado la unidad, ha querido que uno solo rece por todos, como en él mismo uno solo ha cargado con todos los hombres. Los tres jóvenes hebreos encerrados en el horno ardiente han observado esta ley de la oración (cf Dn 3,51). Los apóstoles y los discípulos, después de la Ascensión del Señor rezaban de esta manera: «con un mismo corazón todos perseveraban en la oración, con las mujeres, con María la Madre de Jesús y con sus hermanos» (Ac 1,14). Con un mismo corazón perseveraban en la oración; por su fervor y amor mutuo, testimoniaban que Dios que hizo habitar a los hombres iguales en una misma casa, no admite en su morada eterna sino a aquellos en los que la oración se traduce como la unión de las almas (cf Ps. 67,7). 


Hermanos bien amados, cuando llamamos a Dios «Padre» debemos saber y recordar que tenemos que obrar como hijos de Dios, nos alegramos de tener a Dios como Padre, que él se alegre de tenernos por hijo. 



domingo, 14 de junio de 2015

Comentario del Evangelio de hoy


San Pedro Crisólogo (c. 406-450), obispo de Ravenna, doctor de la Iglesia 
Sermón 98, 1-2; CCL 24A, 602 


"Más cuando se la siembra, crece y sobrepasa a las demás hortalizas"

Hermanos, habéis aprendido cómo el Reino de los cielos, con toda su grandeza, se compara a un grano de mostaza... ¿Es esto lo que los creyentes esperan? ¿Lo que los fieles entienden ?... «¿Es lo que el ojo no vio, ni el oído oyó, ni el corazón del hombre puede entender ?... ¿Es lo que promete el apóstol Pablo y que ha estado reservado en el misterio inexplicable de salvación, para aquellos que le aman?» (1Co 2,9). No nos dejemos desconcertar por las palabras del Señor. Si, en efecto, "la debilidad de Dios es más fuerte que el hombre, y si la locura de Dios es más sabia que el hombre" (1Co 1,25), esta pequeña cosa, que es propiedad de Dios, es más espléndida que toda la inmensidad del mundo. Nosotros solamente podemos sembrar en nuestro corazón esta semilla de mostaza, de modo que llegue a ser un gran árbol del conocimiento (Gn 2,9), sobrepasando su altura para elevar nuestro pensamiento hasta el cielo, y desplegando todas las ramas de la inteligencia... 

Cristo es el Reino. A manera de una semilla de mostaza, ha sido sembrado en un jardín, el cuerpo de la Virgen. Creció y llegó a ser el árbol de la cruz que cubre la tierra entera. Después de que hubiera sido triturado por la Pasión, su fruto produjo bastante sabor para dar su buen gusto y su aroma a todos los seres vivos que lo tocan. Porque, mientras la semilla de mostaza permanezca intacta, sus virtudes quedan escondidas, pero despliegan toda su potencia cuando la semilla es molida. De igual modo, Cristo quiso que su cuerpo fuera molido para que su fuerza no quede escondida... Cristo es rey, porque es el principio de toda autoridad. Cristo es el Reino, porque en él reside toda la gloria de su reino. 


viernes, 12 de junio de 2015

Comentario del Evangelio de hoy

Segùn Sn. Juan, quien es testigo de lo que vio, nos debe bastar para creer y confiar, dicho sea de paso, porque està abalado por la Divina Tradiciòn de la Iglesia y las Sabradas Escrituras. Del costado de Cristo emanan sangre y agua, los sacramentos y la Iglesia, del mismo costado que fuera tomada la costilla en Adàn para formar a Eva. Este es un gran misterio, al cual nos acojemos hoy en la Solemnidad del Sagrado Corazòn de Jesùs. 
Y el nuestro, ¿còmo va en este camino de vida cristiana?, ¿se asemeja màs al de Cristo o no? 

En este dìa, revisemos nuestro andar en las obras de caridad. 

Josè Miranda, laico dominico. 

jueves, 11 de junio de 2015

Comentario del Evangelio de hoy


Concilio Vaticano II 
Decreto sobre la actividad misionera de la Iglesia « Ad Gentes », § 4-5 


«Habéis recibido gratis, dad gratis»

El Señor Jesús, antes de entregar libremente su vida por el mundo, ordenó de tal suerte el ministerio apostólico y prometió el Espíritu Santo que había de enviar, que ambos quedaron asociados en la realización de la obra de la salud en todas partes y para siempre. El Espíritu Santo "unifica en la comunión y en el servicio»... 


El Señor Jesús, ya desde el principio "llamó a sí a los que El quiso, y designó a doce para que lo acompañaran y para enviar¬los a predicar" (Mc., 3,13; Cf. Mt., 10,1-42). De esta forma los Apóstoles fueron los gérmenes del nuevo Israel y al mismo tiempo origen de la sagrada Jerarquía. Después el Señor, una vez que hubo completado en sí mismo con su muerte y resurrección los misterios de nuestra salvación y de la renovación de todas las cosas, recibió todo poder en el cielo y en la tierra (Cf. Mt., 28,18), antes de subir al cielo (Cf. Act., 1,4-8), fundó su Iglesia como sacramento de salvación, y envió a los Apóstoles a todo el mundo, como El había sido enviado por el Padre (Cf. Jn., 20,21), ordenándoles: "Id, pues, enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo: enseñándoles a observar todo cuanto yo os he mandado" (Mt., 28,19s). 


Por ello incumbe a la Iglesia el deber de propagar la fe y la salvación de Cristo, tanto en virtud del mandato expreso, que de los Apóstoles heredó el orden de los Obispos con la cooperación de los presbíteros, juntamente con el sucesor de Pedro, Sumo Pastor de la Iglesia, como en virtud de la vida que Cristo infundió en sus miembros... La misión, pues, de la Iglesia se realiza mediante la actividad por la cual, obediente al mandato de Cristo y movida por la caridad del Espíritu Santo, se hace plena y actualmente pre¬sente a todos los hombres y pueblos para conducirlos a la fe, la libertad y a la paz de Cristo por el ejemplo de la vida y de la predicación, por los sacramentos y demás medios de la gracia, de forma que se les descubra el camino libre y seguro para la plena participación del misterio de Cristo. 

miércoles, 10 de junio de 2015

Comentario del Evangelio de hoy


San Juan Crisóstomo (c. 345-407), presbítero en Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia 
Homilías sobre el evangelio de San Mateo, 16 


“No he venido a abolir, sino a cumplir la Ley y los profetas”

Preguntarás ¿cómo es que Cristo no abroga la Ley y los profetas? ¿cómo cumple y consuma la ley y los profetas? Consuma los profetas, porque todo cuanto ellos dijeron de El, El con sus obras lo confirmó. Y por esto el evangelista Mateo, tras de cada uno de sus hechos, añade: “Para que se cumpliera lo dicho por el profeta.” (…) 


Y en cuanto a la Ley, la cumplió no de un modo ni de dos, sino hasta de tres. Lo primero, no traspasando los preceptos legales. Así lo testifica delante de Juan el Bautista que ha cumplido toda la ley cuando le dice: “Conviene que cumplamos toda justicia.” (Mt 3,15) Y a los judíos les decía: “¿Quién de vosotros me argüirá de pecado?” (Jn 8,46) 


En segundo lugar la consumó en cuanto que todo lo que hizo lo hizo por nosotros. Porque ¡cosa admirable! no sólo cumplió con la ley, sino que nos dio el poder nosotros cumplirla. Así lo declara Pablo con estas palabras: “Porque el fin de la ley es Cristo, para justificación de todo el que cree.” (Rm 10,4) Y también dice que condenó en sí el pecado, “para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, los que no andamos según la carne.” (Rm 8,4) Y todavía: “¿Anulamos pues la ley con la fe? No ciertamente, antes la confirmarnos.” (Rm 3,31) La ley procuraba hacer justo al hombre, pero no tenía fuerzas. Por esto Cristo al venir introdujo un modo de justicia que es por la fe, y así confirmó la voluntad de la ley. Lo que ésta no pudo con la letra, él lo llevó a cabo mediante la fe. Y por esto dice: “No he venido a abrogar la ley.” 


Si alguno cuidadosamente examina, encontrará un tercer modo con que Cristo consumó la ley. ¿Cuál? Mediante los preceptos que iba a dar. Porque no eran abrogación de los anteriores, sino una ampliación y cumplimiento de ellos.


martes, 2 de junio de 2015

Comentario del Evangelio de hoy

Sn. Marcos 12, 13_17
"Den al Cèsar lo que es del Cèsar, y a Dios, lo que es de Dios".

La moneda representa la codicia y el afan del dinero, de poder y de bienestar propio de la gente mundana, en cambio, el hombre de fe, bautizado y que vive su Misa dominical, aspira a bienes mayores, los eternos. No se puede ser catòlico y mundano al mismo tiempo, nos dice el papa Francisco. Precisamente porque no se puede servir a dos señores. Estamos en la balanza de las decisiones constantemente, y en dicho valuarte, nos enfrentamos a elegir segun nuestra escala de valores. Conviene revisar como vamos caminando en esos cruces de calles y si confiamos en el Señor por encima de nuestras propias fuerzas, para alcanzar asì una fe plena y verdadera. 

A Dios lo que es de Dios, tù y yo somos del Señor, si vivimos y morimos es para el Señor. La riqueza y la pobreza nos vienen del Señor... ¿Estàs conmigo o en mi contra? 

Josè Miranda, laico dominico. 

lunes, 1 de junio de 2015

Comentario del Evangelio de hoy


Juan Taulero (c. 1300-1361), dominico en Estrasburgo 
Sermón 7 


Llegar a ser una vid que dé fruto

Los pies de la vid se ligan, se escalonan, se doblan los sarmientos de arriba abajo, se les ata a algo sólido para sostenerlos. Por ahí se puede comprender la dulce y santa vida y la pasión de Nuestro Señor Jesucristo que, en todo, debe ser el sostén del hombre de bien. El hombre debe ser curvado, lo que en él hay de más alto debe ser abajado, y debe abismarse en una verdadera y humilde sumisión, desde lo profundo de su alma. Todas nuestras facultades, interiores y exteriores, tanto las de la sensibilidad y de la avidez como nuestras facultades racionales, deben ser ligadas, cada una en su lugar, en una verdadera sumisión a la voluntad de Dios. 


Seguidamente se remueve la tierra alrededor de los pies de la vid y se escardan las malas hierbas. También el hombre debe escardarse, profundamente atento a lo que pudiera haber todavía por arrancar en el fondo de su ser, para que el divino Sol pueda acercársele más inmediatamente y brillar en él. Si tú, entonces, dejas hacer que la fuerza de lo alto haga su obra, el sol aspira la humedad escondida en la tierra, en la fuerza vital del tronco y los racimos crecen magníficos. Después el sol, por su calor, actúa sobre los racimos y hace que se desarrollen las flores. Y estas flores tienen un perfume noble y benéfico... Entonces, el fruto llega a ser indeciblemente dulce. Que esta realidad nos sea dada a todos.